La profesión

VCI naciò desde la experiencia de un grupo de gestores bancarios que sintieron la necesidad de actuar sin ninguna limitación operativa debida a ser dependiente de un grupo bancario.

La dependencia de un grupo bancario o de un grupo equivalente independiente de la forma, es el primer objetivo condicionante para quien tiene que aconsejar al cliente.


Pensamos que la única manera para responder correctamente a las expectativas del cliente sería la real y total ausencia de conflictos de interés. Tal situación de gran privilegio, se concretizó sólo cuando interrumpimos de manera neta y definitiva cada vínculo, sea material que psicológico, con la relación de dependencia. Sucesivamente pudimos descubrir el placer de la libertad de acción en la profesión de asesor financiero independiente.

Desde entonces descubrimos el placer de escuchar, entender y memorizar las necesidades del cliente. Hemos descubrido el impecable valor de sus palabras.

descubrimos que inconcientemente éramos de una manera condicionados y distraídos por las directivas de la empresa, por lo tanto no teníamos la posibilidad de concentrar la atenciòn en la correcta y necesaria opción capaz de satisfacer y responder a las expectativas del cliente.


Comprobamos que el cliente es cada día más presente en el momento en que elaboramos analisis e investigaciones para él. Esto nos permite constatar que damos nuestros consejos y sugerencias con más conciencia y sabiduría. Esta es la máxima expresión de la propriedad intelectual de un asesor financiero.

El cliente y su asesor, solo unidos pueden actuar en el interés del tercer objeto, el patrimonio.